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septiembre 15th, 2018 by Psicotraining
Desde hace un tiempo hemos empezado a oír a hablar de un nuevo término para referirse a un determinado tipo de personas, las personas PAS o Personas Altamente Sensibles. 
 
La primera vez que escuché este término fue es una página web de actividades en grupo. En concreto el grupo era para pasar tiempo de ocio con personas que se consideran altamente sensibles. Normalmente este tipo de webs de actividades en grupo para jóvenes y adultos, pueden ser un buen recurso para conocer gente con la que compartir aficiones, y en ocasiones le recomendamos a nuestros pacientes que exploren esta posibilidad cuando se trata de ampliar su red social.
Desde luego el nombre de este grupo no me resultó indiferente. De esto hace ya algún tiempo, no obstante, poco a poco se empieza a escuchar este nuevo término que incluso a los psicólogos nos pilla de sorpresa. Son muchas las teorías de la personalidad que reúnen ciertos rasgos para definir a las personas en función de aquellos rasgos más sobresalientes, pero hasta ahora ninguno que hiciera referencia a esto como tal. 
 
 
La primera en introducir este nuevo termino en España fue la psicóloga Elaine Aron en 2006 con su libro “El Don de la sensibilidad” , libro en el cual recoge los estudios realizados por la autora en la década de los 90 sobre ello y que fueron motivados por la necesidad de comprenderse a sí misma y su manera de procesar la información.
 
La alta sensibilidad queda definida por una sensibilidad extrema que hace a la persona percibir el mundo con más intensidad tanto en los aspectos positivos como en los negativos. Se trata de “vivir con más intensidad” los estímulos, las relaciones interpersonales, y la amistad. Aproximadamente en un 20% de la población posee dicho rasgo de personalidad, y hay investigaciones científicas que lo avalan. 1 de cada 5 personas es altamente sensible.
 
Para saber verdaderamente si eres una persona altamente sensible, deberías realizar un test que midiera dicho rasgo, y aún así sería meramente orientativo el resultado que sería bueno contrastar con un psicólogo terapeuta.
 

Pese a ello, algunos de los rasgos que las personas PAS suelen mostrar son los siguientes

 

1. Procesamiento profundo de la información

Es la característica principal de estas personas. El sistema neurológico de estas personas es capaz de procesar con mayor intensidad tanto pensamientos  como   sentimientos. La investigación demuestra que en las personas altamente sensibles se activan áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento profundo y consciente que, en el caso de las personas no PAS, no se activan realizando las mismas acciones.
Esto supone una capacidad reflexiva mayor, un escudriñamiento profundo de la información que recibe del exterior, pudiendo extraer conclusiones certeras.
En definitiva son personas con gran capacidad de análisis y síntesis. 
 

2. Sobre-estimulación del sistema

 
Para las personas altamente sensibles, los ambientes con muchos estímulos resultan más perturbadores que para las personas que no lo son, lo cual les lleva a  retirarse  y/o a evitar este tipo de ambientes para poder recuperar su equilibrio personal y emocional. Los lugares tranquilos, incluso en soledad, son los preferidos para ellos, y es donde más a gusto se sienten. 
 

3. Alta empatía y intensa emocionalidad

 
Sus respuestas son más emocionales y por lo tanto más intensas. Viven todo más intensamente. Todo lo experimentado se amplifica (incluso ver una película de miedo o   acción, puede resultar  muy activador para el sistema nervioso de la persona PAS. Esta forma de vivir las emociones facilita que las personas PAS sean muy empáticas hacia el resto. 
 

4. Sensibilidad hacia las sutilezas

 
Las personas PAS perciben cosas a su alrededor que para el resto pueden pasar inadvertidas, y no solo en lo referido a estímulos que tienen que ver con los sentidos(sonidos, colores, olores), también a nivel de energías positivas o negativas, o algo difícil de definir, pero que sin duda resulta como si las personas altamente sensibles llevaran puesto un radar al que no escapa un detalle.
 
 
 
Todas estas características son fruto del sistema nervioso de la persona que es el que hace que la percepción de estas personas sea tan característico tanto, para los estímulos físico como para lo emocional, y en su procesamiento .
 
Ser una persona PAS no es por tanto ningún trastorno, si no un tipo de personalidad. Está en parte relacionado en un porcentaje con el rasgo de personalidad introvertida. rasgo del cual se habla también últimamente como rasgo positivo para las personas que lo poseen. El libro “El poder de los introvertidos” de Susan Cain, habla precisamente de ello, en un sentido positivo. Hacerse eco tanto de los introvertidos como de las personas altamente sensibles, es de gran importancia ya que en esta sociedad que vivimos, suele premiarse el ser extrovertido, así como favorecer los espacios y lugares con sobre-estimulación.
 
Lo importante para las personas PAS es conocerse, aprovechando así las características que poseen para que jueguen a su favor. Sentirse diferente, juzgado y alejado del resto, lleva a las personas altamente sensibles a sentirse insatisfechos.  Pero hay que usar la sensibilidad a tu favor y no confundir sensibilidad con fragilidad. 
 
Por ello os dejamos algunos consejos para que jueguen a tu favor si eres una persona PAS:
 
  1. Trabaja y cuida tu autoestima
  2. Acepta que eres una persona con mayor sensibilidad que el resto.
  3. Utiliza la sensibilidad para crear. Potencia tu creatividad tanto en tus momentos de ocio como en el terreno laboral.
  4. Haz un uso correcto de la empatía y protégete aprendiendo Asertividad para saber poner los límites entre lo tuyo y o de los demás a nivel emocional.
  5. Aprovecha tu sensibilidad y de las dotes para trabajar en equipo.
  6. Sal de tu zona de confort y explora cosas nuevas.
  7. Aprovecha tu percepción de los estímulos para quedarte con los espacios y actividades que mejor te hagan sentir.
  8. Aprende a parar tus pensamientos y a no caer en una infinita reflexión o no que es lo mismo “la parálisis por el análisis”.
  9. Potencia las relaciones de calidad y duraderas.
  10. Aprovéchate de tu sensibilidad, la intuición no te fallará en una gran parte de los casos.
 
 
Autora: Tania Soria. Psicóloga col. M22296.
Fundadora de Psicotraining Madrid
Especialista en Terapia de Conducta y Salud. Terapeuta EMDR

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estrés post vacacional
septiembre 3rd, 2018 by Psicotraining

El Síndrome Postvacacional no existe, los síntomas que notamos al volver de las vacaciones y reincorporarnos al trabajo, sí”

 

Llega Septiembre y con él el fin de la arena, las sillas y sombrillas, y el vuelta y vuelta al sol.  Despedirse de días de luz, y las largas noches de verano, del tiempo libre, de las cenas con amigos, etc. no es tarea fácil.
Para algunos volver a la rutina se convierte durante unos días en lo más temido. Pero, ¿Es para tanto?  Se escucha hablar de depresión postvacacional, estrés postvacacional, ansiedad postvacacional
Son muchos los factores que influyen en este cambio y caída en el estado de ánimo, pero según afirma la Psicóloga Tania Soria, “el síndrome postvacacional no existe, los síntomas que notamos al volver de vacaciones y reincorporarnos al trabajo, sí“.
Desde la psiquiatría y la psicología no hay ningún síndrome o trastorno contemplado que haga referencia a este hecho. Sí es cierto que al regresar tras las vacaciones al trabajo, muchas personas dicen encontrarse más decaídos, apáticos, o con falta de energía.  El cansancio injustificado, las dificultades para conciliar el sueño, o la falta de concentración, son también algunos de los síntomas que los trabajadores que se reincorporan tras el periodo de descanso afirman sentir. Los pensamientos negativos y pesimistas también son típicos en esta época, pero con un matiz, afirma la psicóloga: “Las ideas negativas referidas al trabajo sucederán siempre y cuando la persona no esté satisfecha con el mismo, y se verán agravados cuanto menor sea la satisfacción con las labores que se desempeñan o bien con el ambiente del centro, la relación con los compañeros, o un sueldo insuficiente“.
El estrés, síndrome o depresión postvacacional, son términos surgidos de manera popular, muy utilizados en esta época del año, y que adquieren amplia repercusión en los medios de comunicación año tras año por esta época.
Hacen referencia al proceso (natural) de estrés que nos toca afrontar tras las vacaciones para re-adaptarnos de nuevo a nuestra vida habitual, con las obligaciones (laborales o escolares) y el cambio de hábitos que esto conlleva.
Volver de las vacaciones no implica tener que pasar por este “síndrome” realmente inexistente como tal. Pero no podemos negar que el cambio que se produce es lo suficientemente importante como para causar cierto desequilibrio a distintos niveles en la persona. Las horas de luz se reducen, el ritmo y los hábitos de sueño cambian, y en muchos casos el tipo de alimentación también. Todo esto tiene un efecto biológico innegable en nuestro cuerpo.
Desde la consulta de psicología Psicotraining Madrid, nos cuentan que no es tanto el volver a la rutina o el enfrentarse a los problemas no resueltos (que siguen existiendo una vez volvemos del verano) lo que nos produciría ansiedad o tristeza, si no más bien la pérdida de los reforzadores positivos que el verano y las vacaciones conllevan: Actividades de ocio placenteras que durante el año no realizamos, familia y amigos a los que elegimos ver más, terrazas y cenas apetitosas con las que nos homenajeamos, largos paseos y ejercicio al aire libre…. Son más bien estas cosas sin las que nos quedamos una vez que volvemos a la rutina, y no tanto la visión negativa que usualmente se da sobre el malestar que produce la vuelta al trabajo. “No es lo que de nuevo hacemos, es lo que nos perdemos“.
sindrome post vacacional
Algunos trucos para superar este periodo de adaptación son:
  1. Programar la vuelta de vacaciones con tiempo, para volver a habituarnos a nuestra casa, nuestro espacio, y nuestros horarios de forma progresiva y no drástica de un día para otro.
  2. Retomar las horas de sueño y los horarios de acostarse y levantarse de la forma más progresiva y ordenada posible, sin largas siestas que pudieran afectar al    sueño nocturno, ni acostarse a altas horas de la noche.
  3. Reducir durante unos días el consumo de cafeína y similar. Ayudará tanto al sueño como a un mayor estado de tranquilidad.
  4. Realizar ejercicio físico. Ayuda a producir endorfinas (hormona de la felicidad) y a reducir la ansiedad y el estrés.
  5. Darse permiso para seguir disfrutando, quedando con amigos o realizando actividades de ocio con las que se disfruta.
  6. Organizar tu tiempo y pon límites, nadie mejor que tú sabe lo que necesita, escucha tus necesidades y practica el “decir no” a aquellos planes que se interpongan en tu labor.
  7. Practicar el arte de parar tus pensamientos negativos y relativiza. Nada de lo que ocurre ahora es “tan” grave, por mucho que a todos nos gustaría que las obligaciones fueran una opción, y las vacaciones prácticamente eternas en este momento.
  8. Manejar la ansiedad controlando dichos pensamientos, practicando ejercicios de relajación y respiración.
  9. Tener paciencia. El periodo de adaptación al nuevo ritmo no suele extenderse demasiado en el tiempo (10-15 días). Mientras tanto, intenta encontrar el lado positivo, y no dejes de lado aquello con lo que disfrutas o te relajas, pues aunque estés trabajando de nuevo, es muy necesario para tu estado de ánimo.
  10. Si pese a todo esto, el malestar continua y se alarga en el tiempo, consulta con un especialista. Seguramente entonces haya cuestiones sin resolver en tu vida que provocan ansiedad y/o depresión y que requieren de Terapia Psicológica, previo diagnóstico correcto.

 

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terapia cognitivo conductual
agosto 27th, 2018 by Psicotraining
El complejo de inferioridad hace referencia a un sentimiento de ser inferior a los demás, y vas más allá de un momento puntual de menor autoestima.
Digamos que es un sentimiento estable y duradero en el tiempo y que inunda la totalidad de los aspectos de la persona en su día a día y con respecto a su entorno social, y no tiene por qué tener que ver con una realidad si no más bien con la percepción que la persona tiene de sí misma y de los demás.
Pese a ello, sí que es cierto que las personas con complejo de inferioridad tienden a digerir mal sus fracasos y lo viven de una forma más intensa y con mayor carga emocional negativa. La persona está convencida de que no triunfará en nada que emprenda, lo cual puede ser incapacitante pues el hecho de creer que aquello que haga estará mal hecho, conlleva el dejar de intentarlo.
El médico y psicoterapeuta austriaco Alfred Adler (1870-1937) se hizo famoso por su concepción del “complejo de inferioridad”.
Adler concebía al ser humano siempre en relación a las demás personas. Afirmaba que es en la infancia cuando en vez de sentirse aceptado, querido y apreciado,  el niño puede llegar a tener la convicción de que “vale menos” que las demás personas.
Para Adler el papel del tipo de educación que hubieran recibido las personas por parte de sus padres era fundamental. Si el modo de educarlos fue inadecuado, conduciría al individuo al “sentimiento de inferioridad“.
  • Una educación demasiado autoritaria llevaría al niño a no sentirse apreciado ni aceptado.
  • Una educación demasiado consentidora llevaría a que el niño no aprenda el respeto por los demás.
  • Y una educación sobreprotectora haría mal al niño por criarse entre algodones.
miedo al fracaso

Algunos de los síntomas más frecuentes de las personas con complejo de inferioridad son:

 

  • Sentirse menos que los demás
  • Creerse con grandes limitaciones
  • Sentimiento de fracaso
  • Envidia hacia los demás, los cuales consiguen/tienen lo que la persona no
  • Tendencia al aislamiento, a alejarse de los demás
  • Críticas y disfrute con el fracaso de los demás

¿Cómo superar el complejo de inferioridad?

Lo más adecuado a día de hoy pese a que este concepto tenga una trayectoria antigua y procedente de otras corrientes, es la terapia cognitivo-conductual.
Identificar qué pensamientos hay detrás de nuestros actos y qué consecuencias emocionales y sociales tienen, es la base de este trabajo.
Poder cuestionar estas creencias y estos esquemas de pensamiento que tienen que ver con nuestra manera de vernos y de percibir el mundo es básico.
Buscar pruebas de realidad y cambiar estos pensamientos por otros más adecuados es finalmente el camino para el cambio.

Algunos Tips para mejorar nuestra relación con nosotros mismos son los siguientes:

  • No te compares con los demás.
  • Evita pensar que los demás son mejores que tú.
  • Conócete, toma conciencia de tus verdaderos logros y del valor que realmente tienen, pero también de tus defectos verdaderos, sin que esto último resulte frustrante.
  • Sé consciente de tus limitaciones reales, y proponte objetivos reales que verdaderamente estén a tu alcance y puedas cumplir.
  • Confía en ti y en tus posibilidades, así como en que mereces los logros que consigues, y no minimices su importancia ni los atribuyas a causas externas;
  • Tus logros son tuyos, y de nada ni nadie más.
Realiza continuos esfuerzos por manejar tus pensamientos y reconducirlos hacia estas realidades anteriormente nombradas. Que estos nuevos pensamientos sucedan de forma automática, requiere de mucha práctica, no te frustres si desde el principio no fluyen solos, tú eres el único responsable de tus ideas y pensamientos para cambiarlos. El hecho de que hayas vivido experiencias negativas en el pasado no tienen por qué determinar tu presente ni tu futuro.

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psicologo en madrid
junio 13th, 2018 by Psicotraining
Sería genial poder llevar contigo siempre tu pequeño botiquín de primeros auxilios psicológicos, y usarlos como quien se pone una tirita cuando le roza el zapato, o como cuando aún con todo el día por delante le duele la cabeza y saca un paracetamol.
Parece sencillo hablar de cuidados o remedios cuando de la salud física de trata. ¿Por qué no hacer los mismo con nuestra salud emocional? Sería ideal poder llevar contigo un pequeño botiquín o una maleta grande invisible (no importa el tamaño, porque cuanto más grande mejor) y utilizar cada uno de esos cuidados en el momento que lo necesites. ¿Qué te parece? ¿Te gusta la idea? Pues es precisamente eso lo que hacemos cuando un paciente acude a nuestra consulta de psicología en Madrid. Proveerle de recursos, herramientas, habilidades, y cuidados en general para que pueda utilizarlos cada vez que haga falta una vez sale por la puerta de la consulta.
Es muy común la idea del psicólogo como un ser impasible sentado mientras el paciente habla y habla durante la sesión sobre sus problemas, pero nada más lejos de la realidad. O al menos desde nuestro enfoque. Acudir al psicólogo no significa pasividad, ni enfermedad mental si quiera. Significa dotarte de recursos. La terapia no dura para siempre, lo que en ella aprendes, sí.
Imaginemos que una persona acude a la consulta con síntomas de ansiedad. Durante la terapia se irá armando de recursos que le ayuden a contrarrestar todos sus síntomas. ¿Qué es lo que aprenderá?
  • Aprenderá qué es lo que le ocurre y por qué le ocurre.
  • Aprenderá a respirar.
  • Aprenderá a relajarse.
  • Aprenderá a sentir control sobre aquellas situaciones que a día de hoy cree no poder manejar.
Digamos que estas herramientas le servirán a nivel físico para manejar los síntomas (sudoración, palpitaciones, inquietud…) Pero también aprenderá a:
  • Reconocer qué situaciones le disparan la ansiedad.
  • Cómo reacciona ella ante dichas situaciones.
  • Qué alternativas puede haber para reaccionar de otra manera.
  • Cómo estas alternativas hacen cambiar cada uno de los elementos de la ecuación… (quién haya iniciado ya alguna vez una terapia cognitivo conductual, sabrá con esto a qué nos referimos).
Mucha gente cree, cuando como psicólogos les planteamos que es posible cambiar de manera de pensar, que eso es imposible. Bueno, pues de nuevo ahí otro elemento del que les proveemos.
Cambiar los pensamientos que “no sirven” no significa cambiar de personalidad o forma de ser. Más que nada, porque cambiar de personalidad en una persona sana es prácticamente imposible. Todos tenemos una personalidad y esta es estable, se mantiene a lo largo de los años.
Con esto lo que queremos decir es que por acudir a un psicólogo no vas a cambiar tu forma de ser, tu esencia ni tu personalidad. En todo momento seguirás siendo tú. Un tú pero en versión mejorada, digámoslo así. Lo que hará que mejores será el dejar atrás los pensamientos sobre ti, sobre el mundo, y sobre el futuro, que no te sirven. Los que no te ayudan.
Cambiar de comportamiento, cambiar tus acciones, también es posible.
Negarse ante esta posibilidad es solo fruto del desconocimiento, pero no pasa nada, porque para eso estamos también, para aclarar todas las dudas que puedan surgir durante el proceso terapéutico.
Vamos a poner el ejemplo de un paciente que tenga vergüenza a hablar en público y que ha de presentar un proyecto, una tesis, etc. ¿Qué se llevará consigo? ¡Habilidades!
Confianza, recursos de comunicación, reformulación de sus ideas negativas sobre sí mismo, sobre los demás y sobre esa situación temida, técnicas para rebajar su nivel de activación física.
En fin, no parece poco ¿no? Se va a llevar sin duda todo lo necesario para hacerle más fácil enfrentarse a esa situación. Nosotros se lo transmitimos, él o ella lo pone en práctica. Así funciona. Y una vez que el paciente puede experimentar por sí mismo los cambios, es más fácil tirar del hilo imaginario y continuar el progreso a pasos más adelantados.
Esto es una pequeña explicación sobre qué es un proceso de terapia psicológica. Es un pequeño ápice de lo que acudir al psicólogo significa, pero consideramos que puede ser útil de explicar, al menos cómo desde Psicotraining Madrid lo vemos. Una experiencia activa, participativa, interactiva, cercana…. Un pequeño gran botiquín de primeros auxilios para las dificultades de tu día a día que llevarás contigo para toda la vida.
Algunos cambios serán más visibles y los utilizarás cada día de una manera natural casi sin darte cuenta. Otros, tendrás que poner un poco más de control y esfuerzo, para utilizar en situaciones más complicadas, pero siempre, lo importante será la diferencia en el resultado, tu experiencia de afrontamiento, la desaparición, disminución, o tolerancia del malestar que antes no eras capaz de manejar.
Si tras leer este post te ha surgido alguna duda, puedes contactar con nosotros y estaremos encantados de ayudarte y de animarte, porque si estás pensando en acudir a terapia pero aún no lo has hecho, tan solo necesitas un pequeño empujón para empezar a empoderarte de todas estas “tiritas y pildoritas inocuas” que llevarás en tu bolsillo para siempre. 

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mayo 7th, 2018 by Psicotraining

La opinión de los demás, ese gran lastre.  ¿Pero por qué?

Cuéntale a todas tus amigas, a padres y a compañeros de trabajo un problema personal que tengas, que de cada uno tendrás su opinión. Tantas como personas a las que les hayas contado el problema.  Algunas incluso, en la misma dirección pero por parte de varias personas diferentes. Pero… ¿Y qué saben ellos?

 

¿Te ha pasado? ¿Te has llegado a sentir molesto por las opiniones y juicios de los demás?

Es difícil que no nos importen en absoluto las opiniones de los demás, sobre nosotros o sobre cómo estamos haciendo las cosas. Somos seres sociales, nos importa el grupo. Aprendemos desde pequeños de esta manera.  Son nuestros padres y cuidadores quienes nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Lo que puedes decir y lo que no, y cómo te debes de comportar. Y es normal, no tenemos otra referencia. Crecemos y aprendemos en función de las personas que tenemos a nuestro alrededor, les convertimos en un espejo necesario para aprender.

En la adolescencia los amigos y el grupo de convierte en la referencia, y vestimos como visten los demás, nos compramos la mochila que está llevando el resto, y nos gustan los mismos grupos que a todos los fans (o bien todos los grupos de música que no le gustan a esa mayoría, para identificarnos con la minoría porque “nosotros somos diferentes” y no queremos ser como los demás”).

Pero es lo mismo. Nos identificamos con un grupo, tenemos una referencia y creamos a partir de ella nuestra identidad. Pero, ¿qué pasa cuando ya hemos crecido? tenemos nuestra identidad formada, y aún así la necesitamos o no afecta.

 

Como humanos que somos además de seres sociales, somos seres de costumbres. Nos enamoran las rutinas. Si cada vez que algo te ocurre, tiendes a pedirle opinión a todos y cada uno de los seres de tu alrededor, será fácil que la próxima vez vuelvas a hacerlo, y así en todas las veces.

El problema llega cuando lo que recibes de los demás deja de gustarte. Tienes la costumbre y te sientes cómodo, pero deja de gustarte.  Como seres sociales que somos, nos gusta ser aprobados, queridos, aceptados por los demás, y  llega un momento en que sentimos que dejamos de serlo. Ese es el momento en el que si damos demasiada importancia a la opinión y aprobación de los demás, estaremos teniendo un problema. Nos generará estrés, inseguridad, y duda.

 

Pero la realidad es, que cuando cuentas un problema, lo que cuentas es una parte, las personas lo único que reciben son unos datos,  no están en tu piel para vivirlo. Una parte “del Todo” es lo que saben.

 

De lo que cuentas, seguramente una parte es  lo que te escuchan,  y otra más pequeña con lo que se quedan.  Luego están los sesgos. Los prejuicios. Su experiencia. Lo que vivieron ellos en una situación que (a ellos) les parece similar. Te aconsejan en función de lo que ellos creen que saben, de lo que ellos vivieron, y de lo que en definitiva aprendieron.

 

En fin, una cantidad de hechos que hacen que la opinión o el consejo que te den, sea algo tan subjetivo como para que  tengas que hacer caso…

 

Aceptar la opinión de los demás no es lo mismo que hacer caso a la opinión de los demás.

¿Entiendes esta parte?  Puedes aceptar que los demás tienen derecho a opinar, a pensar, a juzgar lo que quieran. Al fin y al cabo todos lo hacemos, no podemos controlarlo el 100% de las veces, se generan de forma automática. Pero por una parte, que piensen algo sobre ti, no significa que siempre tengan que decírtelo.

Recordemos que las opiniones o consejos mejor darlos cuando se te han pedido. Por otra parte aun habiéndose pedido la opinión o el consejo, no tienes por qué asumirlo sin más y creertelo. El truco está en parar y pensar.

 

Preguntarte, ¿Voy a dar valor a esta crítica, a este juicio, a esta opinión?.

Valorar, no tragar a ciegas ni sin masticar. Porque si no nos llenaremos de ideas que no nos pertenecen, de juicios que no nos pertenecen, y actuaremos como actuaría el otro, y no como actuaría nuestro  “Yo”.

 

En psicología conductual se utiliza la técnica DAE (Técnica de Detección y Afrontamiento de etiquetas) para gestionar las opiniones de los demás.

Con esta técnica trabajamos  la idea de que LA PARTE NO ES IGUAL AL TODO.

Por ejemplo, el hecho de que un día te hayas comportado de una cierta manera no te lleva directamente a que seas de esa manera.

 

Que un día llegues tarde no te convierte en un impresentable, o  que te comieras el último canapé de la bandeja sin preguntar (conducta) no te convierte en un egoísta (etiqueta).  Vemos aquí la diferencia entre una conducta aislada y una etiqueta generalizada.

 

También trabajamos confeccionando una lista de etiquetas no deseables para la persona, en cuanto a que los demás  las asocien a ti. Hay personas que son mucho más sensibles a la evaluación negativa que otras, son estas las que más sufren cuando alguna de estas etiquetas se activa a raíz de la relación interpersonal.

 

El truco está en identificar aquellas situaciones cotidianas en las que nos comportamos de una manera determinada por miedo a que nos “etiqueten” como algo que no queremos ser.

 

Es entonces cuando hay que valorar si comportarse o tener una actitud concreta encajan dentro de lo que no se quiere ser y si también es igual a serlo.

 

Por ejemplo, “decir que No”  ante una petición puede ser de persona egoísta, pero puede también no serlo. Decir que No puede ser signo de ser una persona segura y con mucha personalidad. Es decir, la categoría “Ser egoísta” y “Ser una persona segura”  comparten entre sí la conducta “saber decir que No”. Pero ser egoísta tiene otras muchas características así como ser una persona segura y que no tienen nada que ver entre sí.

 

Las opiniones de los demás no siempre coinciden con la realidad, no le demos por tanto más importancia de la que tienen y aprendamos a que no nos afecten.

 

 

Artículo: Tania Soria. Psicóloga col. M-22296  Especialista en Terapia de conducta y salud

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abril 18th, 2018 by Esteban Valente

Dolor y emociones se encuentran muy ligados y da igual el orden en el que aparezcan. Las emociones provocan dolores físicos, y eso es un hecho. Del mismo modo, el dolor físico desencadena emociones. Desde la psicología podemos trabajar tanto los sentimientos de tristeza, desesperanza y melancolía, como los síntomas de dolor. Llegamos al porqué del problema, a los motivos por los que apareció y a los factores que actualmente hoy por hoy, están permitiendo que ese dolor, o que esa tristeza y desmotivación, continúen.

Solo nosotros podemos generar el cambio. Pero a veces no es fácil encontrar el cómo. Nos preguntamos continuamente por el porqué, y olvidamos hacernos otras preguntas.

Compadecernos de por qué me ha tocado a mí, o por qué las cosas son como son, y no de otra manera, nos envuelve en un estado del que es difícil salir. Nos adentra en una especie de madriguera oscura, que nos aparta de la solución. Lo peor, que no nos damos cuenta. 

Cambiar es posible. El mero hecho de comenzar a hacer las cosas de otra manera, ya nos lleva a resultados diferentes. Adentrarse en una terapia psicológica es como descubrir que sí había un lugar por donde salir, que sí podía hacer cosas para continuar disfrutando, que soy capaz de manejar mi dolor. Que mi dolor no siempre está, y que soy yo quién le doy lugar en mis días, o el que puedo hacer cosas a pesar de él. Y tan solo un pequeño cambio, tan solo el vivir la experiencia de él, nos impulsa hacia el cambio radical en nuestras vidas.

Las emociones constriñen el cuerpo además del alma

Dolor y depresión

El dolor crónico y la depresión pueden estar relacionados. La persona con dolor crónico ve limitada su vida en muchos aspectos (laborales, sociales, familiares, sexuales, etc.). El hecho de que la persona con dolor crónico se vea limitada y tenga que dejar de hacer ciertas actividades que previamente le generaban placer, es precisamente lo que provoca una disminución de su estado de ánimo: El verse incapaz de salir con los amigos, de ir de viaje, o por tener que estar siempre pendiente de su dolor.

La depresión en sí misma va a acompañada de síntomas físicos, que no son ni más ni menos que la somatización de las emociones. Es fácil encontrar en la consulta, pacientes diagnosticados de depresión, que además hacen referencia a síntomas como dolores de cabeza, de tripa, etc.

Por tanto, nos encontramos ante mismos síntomas, pero por diferentes razones. En el primer caso estaría el paciente con dolor crónico, del tipo que sea, y que a raíz de este dolor, su estado de ánimo comenzó a descender, llegando a la depresión.

Por otro lado, aquel paciente que tiene depresión por los motivos que sea (ruptura de pareja, problemas familiares, dificultades en la escuela, problemas laborales, etc.) y que ve acompañado el sentimiento de tristeza, por dolores físicos de cualquier tipo.

El dolor agudo es un dolor que aparece rápidamente y cuya duración es inferior a los 6 meses. Normalmente, provoca limitaciones personales, y un ejemplo podría ser el dolor que se siente tras una operación quirúrgica en alguna parte del cuerpo.

El dolor crónico es en cambio un dolor que se alarga en el tiempo, y frecuentemente genera un alto grado de ansiedad y posterior depresión.

El concepto de dolor y su evolución

El concepto de dolor ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Inicialmente, filósofos como Aristóteles, entendían la experiencia de dolor como una emoción. Descartes lo entendió como el resultado de estímulos nocivos que nos hacían daño. Desde la religión en cambio el dolor se consideraba impuesto por Dios, ya fuera como una prueba de fe, o como un castigo. Las visiones de este tipo sobre el dolor se mantienen hasta el siglo XIX. A finales de este siglo, son los fisiólogos y psicofisiólogos quienes conceptualizan la experiencia de dolor como una función meramente sensitiva, en la que se establece una relación entre la cantidad de dolor experimentado y la cantidad de tejidos alterados. 

En cuanto a los factores cognitivos y afectivos, eran considerados como únicamente reacciones al dolor, situándolos en un segundo plano. Desde este modelo, el dolor se entiende como una transmisión directa y lineal del estímulo nocioceptivo, que puede ser eliminado o reducido bloqueando las vías patológicas que producen el dolor, ya sea mediante factores analgésicos, quirúrgicos, bloqueando los nervios, etc.

No obstante, este tipo de enfoque era capaz de explicar el dolor de tipo agudo, pero dejaba sin explicar el dolor de tipo crónico. Es ya en los años 70 cuando se muestra que la experiencia de dolor no está en función de la cantidad de tejidos dañados, sino que es más bien una experiencia subjetiva, evaluada por el individuo. 

En la actualidad, el dolor se explica como un complejo fenómeno multidimensional, en el que entran en juego, la interacción sensorial-discriminativo, motivacional-afectivo, y el control central de sus procesos.

El dolor es reconocido como una experiencia y una expresión que afecta a todo el comportamiento, y que está influenciado por variables de tipo genético, constitucionales, psicológicas, sociales y culturales. Entendemos por tanto el dolor como la combinación de dichos factores que interaccionan unos con otros, para dar como resultado la experiencia de dolor.

 

Artículo: Tania Soria. Psicóloga col. M-22296  Especialista en Terapia de conducta y salud.

 

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marzo 9th, 2018 by Psicotraining

Bienvenidos a nuestra nueva web corporativa…. Desde marzo de 2018 nos lanzamos de lleno a Internet de una nueva plataforma en la que podrás conocer todos nuestros tratamientos y terapias, ver nuestras tarifas online e incluso abonar tus sesiones, consultar nuestro blog de psicología, acceder a información sobre nuestros talleres formativos, etc, etc…

¡Espero que os guste!

 

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