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psicologo en madrid
junio 13th, 2018 by Psicotraining
Sería genial poder llevar contigo siempre tu pequeño botiquín de primeros auxilios psicológicos, y usarlos como quien se pone una tirita cuando le roza el zapato, o como cuando aún con todo el día por delante le duele la cabeza y saca un paracetamol.
Parece sencillo hablar de cuidados o remedios cuando de la salud física de trata. ¿Por qué no hacer los mismo con nuestra salud emocional? Sería ideal poder llevar contigo un pequeño botiquín o una maleta grande invisible (no importa el tamaño, porque cuanto más grande mejor) y utilizar cada uno de esos cuidados en el momento que lo necesites. ¿Qué te parece? ¿Te gusta la idea? Pues es precisamente eso lo que hacemos cuando un paciente acude a nuestra consulta de psicología en Madrid. Proveerle de recursos, herramientas, habilidades, y cuidados en general para que pueda utilizarlos cada vez que haga falta una vez sale por la puerta de la consulta.
Es muy común la idea del psicólogo como un ser impasible sentado mientras el paciente habla y habla durante la sesión sobre sus problemas, pero nada más lejos de la realidad. O al menos desde nuestro enfoque. Acudir al psicólogo no significa pasividad, ni enfermedad mental si quiera. Significa dotarte de recursos. La terapia no dura para siempre, lo que en ella aprendes, sí.
Imaginemos que una persona acude a la consulta con síntomas de ansiedad. Durante la terapia se irá armando de recursos que le ayuden a contrarrestar todos sus síntomas. ¿Qué es lo que aprenderá?
  • Aprenderá qué es lo que le ocurre y por qué le ocurre.
  • Aprenderá a respirar.
  • Aprenderá a relajarse.
  • Aprenderá a sentir control sobre aquellas situaciones que a día de hoy cree no poder manejar.
Digamos que estas herramientas le servirán a nivel físico para manejar los síntomas (sudoración, palpitaciones, inquietud…) Pero también aprenderá a:
  • Reconocer qué situaciones le disparan la ansiedad.
  • Cómo reacciona ella ante dichas situaciones.
  • Qué alternativas puede haber para reaccionar de otra manera.
  • Cómo estas alternativas hacen cambiar cada uno de los elementos de la ecuación… (quién haya iniciado ya alguna vez una terapia cognitivo conductual, sabrá con esto a qué nos referimos).
Mucha gente cree, cuando como psicólogos les planteamos que es posible cambiar de manera de pensar, que eso es imposible. Bueno, pues de nuevo ahí otro elemento del que les proveemos.
Cambiar los pensamientos que “no sirven” no significa cambiar de personalidad o forma de ser. Más que nada, porque cambiar de personalidad en una persona sana es prácticamente imposible. Todos tenemos una personalidad y esta es estable, se mantiene a lo largo de los años.
Con esto lo que queremos decir es que por acudir a un psicólogo no vas a cambiar tu forma de ser, tu esencia ni tu personalidad. En todo momento seguirás siendo tú. Un tú pero en versión mejorada, digámoslo así. Lo que hará que mejores será el dejar atrás los pensamientos sobre ti, sobre el mundo, y sobre el futuro, que no te sirven. Los que no te ayudan.
Cambiar de comportamiento, cambiar tus acciones, también es posible.
Negarse ante esta posibilidad es solo fruto del desconocimiento, pero no pasa nada, porque para eso estamos también, para aclarar todas las dudas que puedan surgir durante el proceso terapéutico.
Vamos a poner el ejemplo de un paciente que tenga vergüenza a hablar en público y que ha de presentar un proyecto, una tesis, etc. ¿Qué se llevará consigo? ¡Habilidades!
Confianza, recursos de comunicación, reformulación de sus ideas negativas sobre sí mismo, sobre los demás y sobre esa situación temida, técnicas para rebajar su nivel de activación física.
En fin, no parece poco ¿no? Se va a llevar sin duda todo lo necesario para hacerle más fácil enfrentarse a esa situación. Nosotros se lo transmitimos, él o ella lo pone en práctica. Así funciona. Y una vez que el paciente puede experimentar por sí mismo los cambios, es más fácil tirar del hilo imaginario y continuar el progreso a pasos más adelantados.
Esto es una pequeña explicación sobre qué es un proceso de terapia psicológica. Es un pequeño ápice de lo que acudir al psicólogo significa, pero consideramos que puede ser útil de explicar, al menos cómo desde Psicotraining Madrid lo vemos. Una experiencia activa, participativa, interactiva, cercana…. Un pequeño gran botiquín de primeros auxilios para las dificultades de tu día a día que llevarás contigo para toda la vida.
Algunos cambios serán más visibles y los utilizarás cada día de una manera natural casi sin darte cuenta. Otros, tendrás que poner un poco más de control y esfuerzo, para utilizar en situaciones más complicadas, pero siempre, lo importante será la diferencia en el resultado, tu experiencia de afrontamiento, la desaparición, disminución, o tolerancia del malestar que antes no eras capaz de manejar.
Si tras leer este post te ha surgido alguna duda, puedes contactar con nosotros y estaremos encantados de ayudarte y de animarte, porque si estás pensando en acudir a terapia pero aún no lo has hecho, tan solo necesitas un pequeño empujón para empezar a empoderarte de todas estas “tiritas y pildoritas inocuas” que llevarás en tu bolsillo para siempre. 

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mayo 7th, 2018 by Psicotraining

La opinión de los demás, ese gran lastre.  ¿Pero por qué?

Cuéntale a todas tus amigas, a padres y a compañeros de trabajo un problema personal que tengas, que de cada uno tendrás su opinión. Tantas como personas a las que les hayas contado el problema.  Algunas incluso, en la misma dirección pero por parte de varias personas diferentes. Pero… ¿Y qué saben ellos?

 

¿Te ha pasado? ¿Te has llegado a sentir molesto por las opiniones y juicios de los demás?

Es difícil que no nos importen en absoluto las opiniones de los demás, sobre nosotros o sobre cómo estamos haciendo las cosas. Somos seres sociales, nos importa el grupo. Aprendemos desde pequeños de esta manera.  Son nuestros padres y cuidadores quienes nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Lo que puedes decir y lo que no, y cómo te debes de comportar. Y es normal, no tenemos otra referencia. Crecemos y aprendemos en función de las personas que tenemos a nuestro alrededor, les convertimos en un espejo necesario para aprender.

En la adolescencia los amigos y el grupo de convierte en la referencia, y vestimos como visten los demás, nos compramos la mochila que está llevando el resto, y nos gustan los mismos grupos que a todos los fans (o bien todos los grupos de música que no le gustan a esa mayoría, para identificarnos con la minoría porque “nosotros somos diferentes” y no queremos ser como los demás”).

Pero es lo mismo. Nos identificamos con un grupo, tenemos una referencia y creamos a partir de ella nuestra identidad. Pero, ¿qué pasa cuando ya hemos crecido? tenemos nuestra identidad formada, y aún así la necesitamos o no afecta.

 

Como humanos que somos además de seres sociales, somos seres de costumbres. Nos enamoran las rutinas. Si cada vez que algo te ocurre, tiendes a pedirle opinión a todos y cada uno de los seres de tu alrededor, será fácil que la próxima vez vuelvas a hacerlo, y así en todas las veces.

El problema llega cuando lo que recibes de los demás deja de gustarte. Tienes la costumbre y te sientes cómodo, pero deja de gustarte.  Como seres sociales que somos, nos gusta ser aprobados, queridos, aceptados por los demás, y  llega un momento en que sentimos que dejamos de serlo. Ese es el momento en el que si damos demasiada importancia a la opinión y aprobación de los demás, estaremos teniendo un problema. Nos generará estrés, inseguridad, y duda.

 

Pero la realidad es, que cuando cuentas un problema, lo que cuentas es una parte, las personas lo único que reciben son unos datos,  no están en tu piel para vivirlo. Una parte “del Todo” es lo que saben.

 

De lo que cuentas, seguramente una parte es  lo que te escuchan,  y otra más pequeña con lo que se quedan.  Luego están los sesgos. Los prejuicios. Su experiencia. Lo que vivieron ellos en una situación que (a ellos) les parece similar. Te aconsejan en función de lo que ellos creen que saben, de lo que ellos vivieron, y de lo que en definitiva aprendieron.

 

En fin, una cantidad de hechos que hacen que la opinión o el consejo que te den, sea algo tan subjetivo como para que  tengas que hacer caso…

 

Aceptar la opinión de los demás no es lo mismo que hacer caso a la opinión de los demás.

¿Entiendes esta parte?  Puedes aceptar que los demás tienen derecho a opinar, a pensar, a juzgar lo que quieran. Al fin y al cabo todos lo hacemos, no podemos controlarlo el 100% de las veces, se generan de forma automática. Pero por una parte, que piensen algo sobre ti, no significa que siempre tengan que decírtelo.

Recordemos que las opiniones o consejos mejor darlos cuando se te han pedido. Por otra parte aun habiéndose pedido la opinión o el consejo, no tienes por qué asumirlo sin más y creertelo. El truco está en parar y pensar.

 

Preguntarte, ¿Voy a dar valor a esta crítica, a este juicio, a esta opinión?.

Valorar, no tragar a ciegas ni sin masticar. Porque si no nos llenaremos de ideas que no nos pertenecen, de juicios que no nos pertenecen, y actuaremos como actuaría el otro, y no como actuaría nuestro  “Yo”.

 

En psicología conductual se utiliza la técnica DAE (Técnica de Detección y Afrontamiento de etiquetas) para gestionar las opiniones de los demás.

Con esta técnica trabajamos  la idea de que LA PARTE NO ES IGUAL AL TODO.

Por ejemplo, el hecho de que un día te hayas comportado de una cierta manera no te lleva directamente a que seas de esa manera.

 

Que un día llegues tarde no te convierte en un impresentable, o  que te comieras el último canapé de la bandeja sin preguntar (conducta) no te convierte en un egoísta (etiqueta).  Vemos aquí la diferencia entre una conducta aislada y una etiqueta generalizada.

 

También trabajamos confeccionando una lista de etiquetas no deseables para la persona, en cuanto a que los demás  las asocien a ti. Hay personas que son mucho más sensibles a la evaluación negativa que otras, son estas las que más sufren cuando alguna de estas etiquetas se activa a raíz de la relación interpersonal.

 

El truco está en identificar aquellas situaciones cotidianas en las que nos comportamos de una manera determinada por miedo a que nos “etiqueten” como algo que no queremos ser.

 

Es entonces cuando hay que valorar si comportarse o tener una actitud concreta encajan dentro de lo que no se quiere ser y si también es igual a serlo.

 

Por ejemplo, “decir que No”  ante una petición puede ser de persona egoísta, pero puede también no serlo. Decir que No puede ser signo de ser una persona segura y con mucha personalidad. Es decir, la categoría “Ser egoísta” y “Ser una persona segura”  comparten entre sí la conducta “saber decir que No”. Pero ser egoísta tiene otras muchas características así como ser una persona segura y que no tienen nada que ver entre sí.

 

Las opiniones de los demás no siempre coinciden con la realidad, no le demos por tanto más importancia de la que tienen y aprendamos a que no nos afecten.

 

 

Artículo: Tania Soria. Psicóloga col. M-22296  Especialista en Terapia de conducta y salud

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abril 18th, 2018 by Esteban Valente

Dolor y emociones se encuentran muy ligados y da igual el orden en el que aparezcan. Las emociones provocan dolores físicos, y eso es un hecho. Del mismo modo, el dolor físico desencadena emociones. Desde la psicología podemos trabajar tanto los sentimientos de tristeza, desesperanza y melancolía, como los síntomas de dolor. Llegamos al porqué del problema, a los motivos por los que apareció y a los factores que actualmente hoy por hoy, están permitiendo que ese dolor, o que esa tristeza y desmotivación, continúen.

Solo nosotros podemos generar el cambio. Pero a veces no es fácil encontrar el cómo. Nos preguntamos continuamente por el porqué, y olvidamos hacernos otras preguntas.

Compadecernos de por qué me ha tocado a mí, o por qué las cosas son como son, y no de otra manera, nos envuelve en un estado del que es difícil salir. Nos adentra en una especie de madriguera oscura, que nos aparta de la solución. Lo peor, que no nos damos cuenta. 

Cambiar es posible. El mero hecho de comenzar a hacer las cosas de otra manera, ya nos lleva a resultados diferentes. Adentrarse en una terapia psicológica es como descubrir que sí había un lugar por donde salir, que sí podía hacer cosas para continuar disfrutando, que soy capaz de manejar mi dolor. Que mi dolor no siempre está, y que soy yo quién le doy lugar en mis días, o el que puedo hacer cosas a pesar de él. Y tan solo un pequeño cambio, tan solo el vivir la experiencia de él, nos impulsa hacia el cambio radical en nuestras vidas.

Las emociones constriñen el cuerpo además del alma

Dolor y depresión

El dolor crónico y la depresión pueden estar relacionados. La persona con dolor crónico ve limitada su vida en muchos aspectos (laborales, sociales, familiares, sexuales, etc.). El hecho de que la persona con dolor crónico se vea limitada y tenga que dejar de hacer ciertas actividades que previamente le generaban placer, es precisamente lo que provoca una disminución de su estado de ánimo: El verse incapaz de salir con los amigos, de ir de viaje, o por tener que estar siempre pendiente de su dolor.

La depresión en sí misma va a acompañada de síntomas físicos, que no son ni más ni menos que la somatización de las emociones. Es fácil encontrar en la consulta, pacientes diagnosticados de depresión, que además hacen referencia a síntomas como dolores de cabeza, de tripa, etc.

Por tanto, nos encontramos ante mismos síntomas, pero por diferentes razones. En el primer caso estaría el paciente con dolor crónico, del tipo que sea, y que a raíz de este dolor, su estado de ánimo comenzó a descender, llegando a la depresión.

Por otro lado, aquel paciente que tiene depresión por los motivos que sea (ruptura de pareja, problemas familiares, dificultades en la escuela, problemas laborales, etc.) y que ve acompañado el sentimiento de tristeza, por dolores físicos de cualquier tipo.

El dolor agudo es un dolor que aparece rápidamente y cuya duración es inferior a los 6 meses. Normalmente, provoca limitaciones personales, y un ejemplo podría ser el dolor que se siente tras una operación quirúrgica en alguna parte del cuerpo.

El dolor crónico es en cambio un dolor que se alarga en el tiempo, y frecuentemente genera un alto grado de ansiedad y posterior depresión.

El concepto de dolor y su evolución

El concepto de dolor ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Inicialmente, filósofos como Aristóteles, entendían la experiencia de dolor como una emoción. Descartes lo entendió como el resultado de estímulos nocivos que nos hacían daño. Desde la religión en cambio el dolor se consideraba impuesto por Dios, ya fuera como una prueba de fe, o como un castigo. Las visiones de este tipo sobre el dolor se mantienen hasta el siglo XIX. A finales de este siglo, son los fisiólogos y psicofisiólogos quienes conceptualizan la experiencia de dolor como una función meramente sensitiva, en la que se establece una relación entre la cantidad de dolor experimentado y la cantidad de tejidos alterados. 

En cuanto a los factores cognitivos y afectivos, eran considerados como únicamente reacciones al dolor, situándolos en un segundo plano. Desde este modelo, el dolor se entiende como una transmisión directa y lineal del estímulo nocioceptivo, que puede ser eliminado o reducido bloqueando las vías patológicas que producen el dolor, ya sea mediante factores analgésicos, quirúrgicos, bloqueando los nervios, etc.

No obstante, este tipo de enfoque era capaz de explicar el dolor de tipo agudo, pero dejaba sin explicar el dolor de tipo crónico. Es ya en los años 70 cuando se muestra que la experiencia de dolor no está en función de la cantidad de tejidos dañados, sino que es más bien una experiencia subjetiva, evaluada por el individuo. 

En la actualidad, el dolor se explica como un complejo fenómeno multidimensional, en el que entran en juego, la interacción sensorial-discriminativo, motivacional-afectivo, y el control central de sus procesos.

El dolor es reconocido como una experiencia y una expresión que afecta a todo el comportamiento, y que está influenciado por variables de tipo genético, constitucionales, psicológicas, sociales y culturales. Entendemos por tanto el dolor como la combinación de dichos factores que interaccionan unos con otros, para dar como resultado la experiencia de dolor.

 

Artículo: Tania Soria. Psicóloga col. M-22296  Especialista en Terapia de conducta y salud.

 

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marzo 9th, 2018 by Psicotraining

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